Capítulo Uno Vista previa de la camioneta El Hombre de Acero

Capítulo Uno Vista previa de la camioneta El Hombre de Acero

PRÓLOGO

A veces, los padres inventan historias para sus hijos; en ocasiones para entretenerlos y, en otras, para enseñarles una lección o para mantenerlos alejados de los problemas. Esta historia parte de un personaje ficticio creado por mi padre al calor de un cuento que solía contarnos a mis hermanos y a mí durante la infancia. Con aquella historia pretendía que tuviéramos cuidado en caso de toparnos con algún extraño, pero también buscaba asustarnos un poco para que no les molestáramos a él y a mamá y nos fuéramos pronto a la cama. Recuerdo que una noche al intentar escabullirme fuera de las sábanas, escuché la severa voz de mi padre: “Será mejor que te regreses a la cama o llamaré al Hombre de la Furgoneta de Acero.” Nada hacía correr de tal forma el miedo por mis venas como el creer que mi papá llamaría al imaginario Hombre de la Furgoneta De Acero

Ante los ojos de mi mente creativa, el Hombre de la Furgoneta de Acero se convirtió en un monstruo depredador que se alimentaba de la inocencia de los niños; un monstruo capaz de secuestrarlos en cualquier lugar, eludiendo completamente a los padres y a las autoridades. Aunque la idea se antojaba horrible, me mantuvo alerta y vigilante de mi entorno infantil cuando me encontraba en un parque o en algún área de juegos infantiles.

No creo que la intención de mi papá fuera que el Hombre de la Furgoneta de Acero nos asustara tanto. Sin embargo, una vez que dejas salir a los monstruos no es nada sencillo devolverlos a su lugar de origen.

~

En 1928, un científico soviético llamado Sergei Bryukhonenko presentó un experimento durante una conferencia internacional llamada Tercer Congreso de Psicólogos de la Unión Soviética. Pretendía probar que los organismos muertos podían revivir –incluyendo al cerebro.

Bryukhonenko llevó a cabo los experimentos, comprobando que, en efecto, se podía mantener viva  una cabeza mediante una primitiva máquina de circulación extracorpórea, y realizó exhaustivos exámenes al sujeto. Sin embargo, su experimento ha sido cuestionado con frecuencia. Finalmente, para confirmar su experimento y demostrar que la cabeza no sólo era parte del cadáver, se grabó un video de Bryukhonenko mientras realizaba las pruebas. Encendió una luz ante los ojos de la cabeza, haciéndola parpadear; golpeó la mesa con un martillo provocando una reacción en la cabeza y, por último, la alimentó con un pequeño trozo de queso, que cayó sobre la mesa, al otro extremo del tubo esofágico.

Desde ese día, la controversia y la especulación viajaron alrededor del mundo. Los científicos se dividieron en dos grupos: aquellos que aceptaron las posibilidades médicas, y otros que se declararon escépticos. Estos últimos sugirieron que la grabación podía ser mera propaganda soviética o, en su caso, algo médicamente imposible. Lo que resulta más interesante de todo, es que muchos médicos acreditaron el experimento de Bryukhonenko en publicaciones científicas, legitimando todo el asunto

 

 

 

UNO

Todo lo que Jimmy Martínez escuchaba mientras salía de la inconciencia, era un metódico swoosh, swoosh, swoosh. Abrió los ojos y todo lo que vio era negro. Su corazón se aceleró. Estoy ciego. ¡Oh, Dios no! ¡Estoy ciego! La cabeza de Jimmy palpitaba de tal forma que le era prácticamente imposible pensar con claridad. ¿Qué demonios pasó anoche? Abrió la boca para preguntar si había alguien cerca, pero las palabras no salieron. De pronto se dio cuenta de lo frío –helado- que estaba su cuerpo; sus piernas, brazos y torso se congelaban. El cuerpo le hormigueaba adormilado. ¿Dónde estoy y por qué hace este maldito frío?

Parpadeando para abatir la obscuridad, Jimmy finalmente consiguió ver un resquicio de luz. La luz se hacía más brillante pero borrosa; una daga de fría blancura que se abría paso lentamente en su cabeza. De nuevo cerró los ojos; estaba tan cansado y el dolor de cabeza era terrible. Recordó vagamente algo, pero su cabeza se sentía muy pesada. Aniversario… mojitos… ¿Tomé demasiado? Mi hermosa esposa, Elena… tan bella. ¡Maldición! No puedo pensar. Sólo eran fragmentos.

La claridad se desvaneció. Los párpados de Jimmy se hicieron más pesados y se volvió a dormir.

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Trinos de pájaros. ¿Un cardenal? Y de nuevo el sonido se repitió… swoosh, swoosh, swoosh.

Jimmy abrió los ojos muy lenta y cuidadosamente. El haz de luz asemejaba un picahielo penetrando en su cabeza. Maldición.

Su visión se aclaró un poco hasta que pudo distinguir una forma borrosa. Entornó los ojos, esforzándose por enfocar la vista. Parecía ser Elena sentada en una silla. “¿Elena?”, intentó hablar pero ningún sonido salió de su boca. Murmuró su nombre, pero no le salieron las palabras ni el aliento. Intentó respirar profundamente pero no lo logró. Se sentía extraño. Atragantado.

Jimmy mantuvo la mirada sobre su esposa intentando distinguirla. La cálida luz la bañaba bellamente, y pudo reconocer el vestido gris que llevaba la noche anterior. Su cabeza se inclinaba suavemente hacia un lado – ¿admirándolo?-. Llevaba una mascada. ¿Era de color rojo? Difícil  decirlo. Estaba tan borroso. Y está sentada tan quieta… ¿Está dormida?

“¿Elena?” Murmuró de nuevo. Sentía la boca seca, sedienta. Agua. Necesitaba agua desesperadamente. Se estiró hacia el borde de la mesa, pero su brazo no se movió. Estaba entumecido, hormigueante. Jimmy intentó bajar la vista hacia su brazo pero su cabeza tampoco le respondió. ¿Paralizado? ¿Estoy paralizado?  El pánico se apoderó de él.

 

April 15th, 2013|Blog|0 Comments

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